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Who's here right now?

[10, 04, 10 // 2:42]

Como dije, lo publico aquí.
Es un relato corto, como también dije ya.
Espero que os guste.
Nota: la parte "X" esta cortada. Quien quiera lemon, que lo pida y lo publicaré o se lo pasaré a esa persona. Gracias.


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Kuroneko
(Gato negro)


Era una mañana de primavera, pero realmente no lo parecía. El aire silbaba más allá de la ventana de mi cuarto, golpeando miles de gotas de agua contra ella. Yo estaba sencillamente tumbado sobre mi cama, con las sábanas a la altura del pecho, la manga sobre la cintura y el edredón a los pies. Observaba, con la mente en blanco, como impactaba la lluvia contra el cristal mientras aguardaba a que el despertador comenzase a sonar.
El aroma de las tostadas recién hechas alcanzó el segundo piso y mi cuarto. Inspiré profundamente, para después liberar el aire con una dulce risotada. Y, en ese preciso instante, el despertador comenzó a sonar.
Con pesar, retiré toda la ropa de cama que me cubría, tomando y apartando con fuerza las sábanas para enviarlas junto al edredón. El frío me atacó sorpresivamente. Un escalofrío recorrió mi espalda y la piel se me puso de gallina.
Tomé mis zapatillas y me las calcé para salir de mi habitación. El aroma del desayuno se intensificó mientras descendía las escaleras. Al alcanzar la cocina mi hermana mayor me recibió con una enorme sonrisa y con el desayuno servido sobre la mesa.
Me senté, somnoliento, y comencé a untar la tostada con algo de mantequilla para luego mejorarla con mermelada de fresa.

- ¿Qué tal has dormido hoy, Kenda? - me preguntó mi hermana.
- Apenas he pegado ojo - susurré, mordisqueando la tostada.

El silencio inundó la sala. Hacía ya un mes que habíamos perdido a nuestros padres en un accidente de tráfico. Yo iba en el coche con ellos pero a mi solo se me dañó un ligamento de la rodilla derecha. El choque fue frontal y mis padres fueron como un escudo para mi. Desde entonces mis pesadillas no me dejaban dormir.


- Esta mañana deberías abrigarte – susurró, mientras comenzaba a recoger la mesa.

                Su mirada siempre se mutaba sombría cuando hablábamos de mis problemas para descansar. En el fondo yo sabía que se culpaba de la muerte de nuestros padres, pero ¿Qué podía decirle yo? Tenía el mismo sentimiento que ella, enterrado en el fondo de mi corazón.

- No te preocupes, estaré bien – me levanté y le tendí mi taza.

            Subí las escaleras y me adentré en mi habitación. Mi pequeño refugio, con mi aroma impregnado en todas y cada una de las cosas que lo componían. A veces me sentía como un gato, buscando los aromas conocidos para sentirme seguro.
            Me vestí el uniforme del instituto y me arreglé un poco el pelo ante el espejo. La visión era la misma de siempre: cabello negro y desaliñado, recogido en una pequeña coleta por la pereza de recortarlo; ojos oscuros y profundos, para nada rasgados, iguales que los de mi madre; labios carnosos y rosados y una barbilla no demasiado pronunciada. Todas las chicas de mi clase solían decir que era un chico muy guapo, pero que me parecía más a un gato que a un chico. Y, por supuesto, no era la primera vez que algún compañero masculino intentaba sobrepasarse conmigo.
            Tomé mi maletín y salí corriendo de casa. Apenas me dio tiempo a gritar un “hasta pronto” a mi hermana mientras me aventuraba fuera del edificio. Como llovía, llevaba puesto un chubasquero sencillo. Aún no me había quitado el uniforme de invierno a pesar de que ya estábamos en primavera. Los meteorólogos prometían sol en un par de semanas, pero todo el mundo estaba ansioso por librarse de los oscuros y sombríos tonos del otoño y el invierno y darles rienda suelta a los colores vivos y llamativos que recibían la primavera.
            Yo no era una de esas personas.

            Entré por la puerta principal cuarenta minutos antes de que fuese necesario entrar en clase. En los casilleros, deposité mi calzado y tomé mis otros zapatos. Me calcé y suspiré, en un lugar seco al fin.
            La puerta sonó apenas dos minutos después de que hubiese dejado el chubasquero en mi taquilla. Era Kaname Shirou, un sempai de segundo año del que no dejaban de hablar últimamente. Decían que estaba con cinco mujeres al mismo tiempo y que todas ellas eran mujeres comprometidas. Todo un mujeriego… tan molesto… lo llamaban “Perro solitario”. De todas pero de ninguna.

-¡Buenos días! – alzó su mano para saludarme – No tendrás una toalla ¿Verdad?

            Me levanté tranquilamente y abrí la puerta de mi casillero. Saqué una toalla pequeña, blanca y mullida que mi hermana me había preparado mucho tiempo atrás para emergencias de este tipo. Con un movimiento seco se la lancé a la cabeza.

- Vaya – me dedicó una sonrisa- ¡Gracias! ¡Me has salvado!
- Me imagino que a las mujeres no les gustan los perros mojados – susurré.
- Perdona ¿Qué? – parecía cierto que no me había oído, porque mantenía la sonrisa dibujada en sus labios.
- Nada, no tiene importancia.

            El silencio hizo acto de presencia entre nosotros. Los únicos sonidos que percibía eran mi respiración, los latidos de mi corazón, la toalla secando el pelo de Shirou-san y las gotas que se suicidaban contra los cristales de la entrada.

- De nuevo, muchas gracias – me devolvió mi toalla.
- No hay problema.
- Supongo que es molesto hablar con alguien que tiene mi reputación ¿No?
- Los rumores me traen sin cuidado, no tengo interés en tu vida privada.
- ¿Te crees lo que dicen de mi?
- Me lo crea o no, ese es mi problema – cerré con un portazo la taquilla- hacerlo o no es tu problema.
- Con eso quieres decir que si yo no me meto en tu vida tú no husmearás en la mía ¿Cierto?
- Justamente.
- La gente como tú me atemoriza.

            Le miré fijamente, sosteniendo su mirada. Sonreí de lado, mostrando uno de mis colmillos, antinaturalmente desarrollados.

- Mejor para mi. – le reté.
- ¿No te interesa tener amigos?
- Son molestos.
- A mi no me lo parecen.
- Pues a mi sí.

            Se hizo el silencio de nuevo. Ambos estábamos sentados en los bancos de la entrada. Yo miraba mis pies, él el horizonte más allá de la puerta de entrada.

-¿Te gustan los perros o los gatos? – preguntó de pronto.

            Supongo que la pregunta me tomó por sorpresa. Giré mi rostro para mirarlo y él me miró a los ojos de nuevo. Sonrió, complacido por pillarme con la guardia baja.

- Los gatos – suspiré- aunque tu pregunta es ridícula.
- ¿Y por qué te gustan más los gatos?
- Supongo que por su independencia.
- ¿Te molesta depender de otros? – aún mantenía mi mirada.
- ¡A ti que te importa! – me sentía molesto - ¡No tengo porque responderte a nada más!
- Cierto, no tienes porque – susurró.

            Estábamos esperando cuando el director apareció de la nada. Nos miró extrañado y en ese momento me sentí inquieto, como si hubiese cometido un error.

-¿No les llegó el mensaje?
-¿Mensaje? – preguntó Shirou.
-Exacto, hoy se suspenden las clases por temporal.

            Miré a Shirou, cuestionándole con la mirada. Creo que el me comprendió, porque negó con un gesto de la cabeza.

- Bueno, sea como sea hoy no hay clase, pueden regresar a sus hogares.

            Ambos nos levantamos y nos inclinamos ante el director. El buen hombre sonrió y se despidió con un gesto amistoso de su mano derecha.
            Por cuarta vez abrí mi casillero y volví a ponerme mi calzado de calle. Tomé el chubasquero, aún empapado, y me lo vestí. Shirou parecía preocupado.

-¿Qué ocurre? – se giró hacia mí cuando le pregunté.
- Oh bueno, el temporal ha empeorado y no tengo nada para cubrirme.

            No pude evitar reírme en ese momento. Todo era tan surrealista… un tipo al que apenas conocía, popular en todo el instituto, acababa hablando conmigo por puro interés en un día de lluvia y ahora dependía de mi amabilidad para regresar a casa.

- Si quieres puedo llamar a mi hermana… - ya estaba sacando mi móvil. – ella puede venir a recogernos.
- De todos modos no hay nadie en mi casa – volvía a mirar al horizonte.

            Entonces, no se porque demonios lo hice, no se de donde salió aquella respuesta espontánea y sincera. Supongo que en el fondo deseaba hacerme amigo de aquel “perro solitario”.

-Esta bien, puedes quedarte en la mía hasta que amaine el temporal.

            Me miró sorprendido pero, instintivamente, le sonreí abiertamente. Quedó impactado al instante. Supongo que fue porque yo nunca sonreía y acababa de hacerlo o porque cuando sonrío mis rasgos felinos se afilan y me parezco aún más a un gato negro.

-¿No es mucha molestia?
-Mira, no es que tengamos confianza, de hecho, ni siquiera hemos hablado antes – sostenía el móvil junto a mi oreja – pero es una buena oferta temporal.

            Suspiró y se sentó en el banco de nuevo. Al otro lado de la línea mi hermana acaba de descolgar el teléfono y parecía extrañada.

- ¿Kenda? – se había preocupado- ¿Ocurre algo?
- Bueno, resulta que hoy no había clases a causa del temporal y como ha empeorado me preguntaba si podrías venir a buscarnos a un amigo y a mi – le di unos segundos para asimilarlo todo y después continué – no tiene a nadie en su casa y necesita un buen baño y algo de ropa seca.
- Oh si, sí ¡Claro! – tan abobada como siempre – me pasaré en diez minutos.
- Hasta ahora, Kaede.
- Hasta ahora.

            Colgué y miré a Shirou, esperando que dijese algo para romper el hielo que se había formado en apenas unos segundos entre nosotros.

- ¿Cómo debería llamarte? – preguntó de pronto.
- Soy Ichirou Kenda, puedes llamarme Kenda sin más – mostré de nuevo mi colmillo derecho – pero sólo por hoy.
- En ese caso llámame Kaname – me devolvió el gesto – pero sólo por hoy.

            El coche de mi hermana apareció ante la entrada. Shirou y yo corrimos hasta las puertas traseras y entramos en el coche, evitando que la lluvia se colase con nosotros.

- Hola chicos – mi hermana sonreía – supongo que soy vuestra salvadora.
- Ciertamente – respondió Shirou, sin darme tiempo a decir nada – muchas gracias, me ha salvado.
- ¡Oh por favor! No es necesario que seas tan formal conmigo – cambió las marchas – los amigos de Kenda son mis amigos, llámame Kaede.
- Onee-san por favor – miré por la ventanilla.
- Gracias por su amabilidad, Kaede-san.

            En apenas diez minutos ya estábamos en la puerta de casa. Kaede nos indicó a Shirou y a mi que entrásemos primero y me pidió que preparase yo mismo el baño. Le pedí a Shirou que me siguiese y ambos acabamos en mi cuarto y empapados.

-Así que este es tu pequeño refugio… - se quitó la camiseta- huele a ti.

            Sorprendido de nuevo por aquel cánido libidinoso. Yo también me quité la camiseta y los pantalones, hasta solo quedarme en ropa interior. Me revolví suavemente el pelo con las manos para librarlo un poco del agua. En cambio, Shirou se sacudió como el perro que era, llenándome el torso de gotas de agua.

-No me extraña que te llamen “perro solitario” – me encaminé hacia el baño y él me siguió – te comportas como uno.
-Y tú eres idéntico a un gato.

            Me giré y le miré de nuevo a los ojos. Sus ojos, a contrario que los míos, eran azules, como los de un huskey. Después volví a centrarme en el baño y abrí la llave del agua caliente.

- ¿Quién irá primero? – pregunté.
- ¿Por qué no nos bañamos juntos?- preguntó, sonriendo de un modo travieso.
- No tengo problemas con ello.

            Sin pensarlo dos veces me quité los calzoncillos y los arrojé fuera. Él, no sin antes sorprenderse, hizo lo mismo.

- Pensabas que me echaría atrás, ¿Verdad?
- Sinceramente, sí.
- Te recuerdo que soy un gato – me metí con cuidado en el agua – y soy orgulloso como el que más.

            Se adentró tras de mi y, no se como, pero acabé entre sus piernas. Unos minutos después, ya me estaba masajeando la espalda y bueno… una cosa llevo a la otra y…

Lo hicimos.

            Todo pasó tan rápido que cuando volví a tener conocimiento, Shirou estaba cenando conmigo y con mi hermana abajo. Tampoco es que me sintiese incómodo.

- Shirou-kun… ¿Te quedarás a dormir esta noche?- mi hermana parecía emocionada, yo no traía un amigo a casa desde… desde el accidente.
- Bueno… si no es mucha molestia…
- ¡Para nada! Ken-chan estará encantado de compartir su cama contigo – me miró fulminándome- ¿Verdad Kenda?
- Esta bien – tomé una patata entre los dientes- pero no me llames “Ken-chan”

            La cena fue apacible. Realmente no sabía que Shirou Kaname tuviese tanto talento para entretener a las mujeres. Hablaba de todo lo que le gustaba a mi hermana y sabía escucharla incluso mejor que yo, que apenas abría la boca en todo el día. En ese momento comprendí un poco mejor porque aquel “perro” se llevaba todas las presas a su terreno.
            Cuando terminamos de cenar, ayudamos a mi hermana a recoger y nos retiramos a mi cuarto a dormir. Como Kaede había dicho, teníamos que compartir mi cama. No era excesivamente problemático porque mi cama era matrimonial y yo seguramente no conseguiría dormir.

- Kenda…
- Dime
- Lo de antes… bueno yo…
- No tienes que preocuparte por eso, quedará entre tú y yo.
- No me refería a eso, me da igual lo que digan los demás.
- ¿Entonces?
- Lo que quería decir es que bueno… yo…

            No le dejé hablar. Le besé con fingida dulzura antes de que pronunciase algo más. Alguna de esas palabras que convierten a los gatos salvajes en adorables mascotitas de peluche obligadas a desahogarse en rascadores especializados.

- Es mejor si no dices nada – abrí la cama para ambos. – esto es sólo por hoy, un juego de un día.
- Ya pero…
- Pero nada – me adentré en mi cama – mañana cuando nos levantemos volveremos a ser Shirou-sempai y bueno… supongo que hasta hoy yo era un desconocido para ti.
-  No, no del todo – se colocó a mi lado.
- ¿No del todo?
- Suelo mirarte en los descansos, ¿Sabes? Eres una criatura misteriosa.
- Quizá gracias a ti podamos descubrir porque los perros persiguen a los gatos.

            Ambos nos echamos a reír sin sentido alguno.
Tras unos minutos solo podíamos escuchar el sonido de nuestros latidos, nuestras respiraciones acompasadas. Solo podíamos sentir… sentir las caricias, los besos por todos lados. Y esta vez, esta vez era consciente de lo que estaba sucediendo.

Ambos nos dejamos llevar por la pasión y el perro me devoró por completo.

            A la mañana siguiente, el sol había salido en el horizonte. Yo había dormido toda la noche entre los brazos de Shirou que ya no estaba en mi cama, pero en su lugar había una pequeña nota de papel que rezaba lo siguiente:

Ha sido el día más maravilloso de mi vida. Espero poder capturarte por siempre, pero si no puede ser quiero que sepas que has sido la mejor presa que he atrapado.
Ahora entiendo lo que sienten los perros cuando persiguen a los gatos.

            Una nota tan absurda, pero tan llena de significado, que me emocionó en cierto sentido. En apenas unos instantes me percaté de que había conciliado el sueño por primera vez después de mucho tiempo, sin sufrir ni una sola pesadilla.
            Me levanté y me miré al espejo. Tenía marchas por todo el cuello, el torso y la marca de un pequeño mordisco en… bueno, ahí.
            Puse mi mano derecha, con la nota aún en ella, en mi pecho, junto a mi corazón. Suspiré y sonreí.

- Creo que quizá… quizá debería dejar que mi corazón deje de latir por ti –toqué la punta de mi comillo izquierdo con la lengua – pero antes tendrás que atraparme, perro libidinoso.





Y en una taquilla de la entrada del instituto se encontraba una inscripción precaria pero significativa:
Los perros persiguen a los gatos, es un instinto natural, una razón de existencia. Y yo te devoraré de nuevo, una y otra vez, Kuroneko.


Y un gato sonrió.




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[09, 04, 10 // 22:18]

Hoy es mi día de enamorada, porque hoy es día 9 y hace siete meses que estoy con una persona MARAVILLOSA.


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Bueno esta tarde ha sido de esas tardes graciosas que pasas con tus amigas, de esas en las que no puedes parar de reír.
Supongo que tener estas tardes es genial para mi salud. LOL.
Aparte también vino Roberto-chan [Novio de Nüi] y hacía tiempo que no lo veía.

Como no tengo mucho que contar, dejo aquí un avance de mi próximo relato corto:

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Kuroneko
(Gato negro)

Era una mañana de primavera, pero realmente no lo parecía. El aire silbaba más allá de la ventana de mi cuarto, golpeando miles de gotas de agua contra ella. Yo estaba sencillamente tumbado sobre mi cama, con las sábanas a la altura del pecho, la manga sobre la cintura y el edredón a los pies. Observaba, con la mente en blanco, como impactaba la lluvia contra el cristal mientras aguardaba a que el despertador comenzase a sonar.
El aroma de las tostadas recién hechas alcanzó el segundo piso y mi cuarto. Inspiré profundamente, para después liberar el aire con una dulce risotada. Y, en ese preciso instante, el despertador comenzó a sonar.
Con pesar, retiré toda la ropa de cama que me cubría, tomando y apartando con fuerza las sábanas para enviarlas junto al edredón. El frío me atacó sorpresivamente. Un escalofrío recorrió mi espalda y la piel se me puso de gallina.
Tomé mis zapatillas y me las calcé para salir de mi habitación. El aroma del desayuno se intensificó mientras descendía las escaleras. Al alcanzar la cocina mi hermana mayor me recibió con una enorme sonrisa y con el desayuno servido sobre la mesa.
Me senté, somnoliento, y comencé a untar la tostada con algo de mantequilla para luego mejorarla con mermelada de fresa.

- ¿Qué tal has dormido hoy, Kenda? - me preguntó mi hermana.
- Apenas he pegado ojo - susurré, mordisqueando la tostada.

El silencio inundó la sala. Hacía ya un mes que habíamos perdido a nuestros padres en un accidente de tráfico. Yo iba en el coche con ellos pero a mi solo se me dañó un ligamento de la rodilla derecha. El choque fue frontal y mis padres fueron como un escudo para mi. Desde entonces mis pesadillas no me dejaban dormir.

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Espero que os guste, porque a mi me agrada leerlo.
Si a alguien le interesa seguir leyendo que me lo diga y así lo publico aquí.
Debería irme ya porque no he tocado siquiera un poquito el trabajo de historia...


Por lo tanto... 
Matta nee, minna!
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[09, 04, 10 // 00:02]



Siete meses oficiales.


¡Te quiero!
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[08, 04, 10 // 23:21]



Mención especial para Nüi, ¡Que cumple siete meses con su amorcín!
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Día chachiwachipirulachideesoh!
Más que nada porque al final tengo una semana más para terminar el trabajo de historia!

Realmente hoy no he hecho nada fuera de lo común... ha sido un día más bien sosillo.
A parte de ordenar las carpetas de mi móvil, pasarle las imágenes de Lamento y Pandora Hearts, la Black Box de Kuroshitsuji, las canciones de los endings de Lucky Star y la OST de Pandora Hearts... creo que no he hecho nada con el ordenador.
Bueno, también le pasé los seis capítulos de Golden Boy en castellano, preparándome para el martes que viene un entretenimiento en el autobús.
Porque bueno, por si no lo había comentado aún, el martes me voy de excursión a Gijón con mi clase de latín.
¡Promete ser divertido!

Y aquí me despido, minna, porque he de ponerme a leer al menos un capítulo de "El Camino" de Miguel Delibes para lengua... y debería intentar terminarlo cuanto antes para ponerme de nuevo con "La Celestina" que la he dejado abandonada.

Y ahora que lo pienso... ¡Los libros de Conan Doyle! ... dita sea...

Pues lo dicho...
Matta nee, minna!
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[07, 04, 10 // 22:51]

Antes de nada... ¡Tanjoubi omedetou Sephi-chan! ¡Ya son dieciséis años! 
I love you, and you know it!
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Mientras me percataba de como caían una a una las gotas de agua desde mi pelo al suelo, mojándolo irremediablemente, comencé a rememorar todas y cada una de las escenas de ducha que recorrían mi mente vertiginosamente.
Las seductoras caricias del agua, el delicioso aroma del jabón de baño deslizándose sensualmente por mi piel...

Pero la realidad volvió a mi cuando se abrió la puerta del baño y el frío de la mañana me hizo recordar que había despertado de ese maravilloso sueño para encontrarme con la cruda realidad: un pequeño plato de ducha con un calentador apenas eficiente y un gel barato de marca blanca.

Que cruel es, en ocasiones, la vida.


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Me ha gustado el día de hoy.
Estoy somnolienta y me muero de ganas de pillar la cama, ¡Pero ha sido un día genial!
De todos modos, aun no he acabado el trabajo de Historia del viernes porque bueno... la falta de sueño implica falta de concentración.
De todos modos, esta noche no tengo que leer a Plauto porque mi profesor de latín ha decidido que lo leeremos mañana en clase ¡Un aplauso para él!
*Aplausos, aplausos*
Y otro aplauso para mi, porque ¡Al fin se me da algo realmente bien en matemáticas!
Ñañaña~ La trigonometría es majosa.

Oyasuminasai, minna! [No es que me vaya a dormir, pero esta en mis planes futuros, casi inmediatos]
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[06, 04, 10 // 22:00]

Pues aquí estoy, damas y caballeros.
Ciertamente hoy no tengo una apetencia impresionante de escribir por lo que simplemente actualizo para mostrar la pequeña delicatessen que mi adorable Sephi-Noel [Mi amiga Sephi, en resumidas cuentas] ha traído esta tarde a mi casa porque soy una niña buena.
La mala noticia es que aún estoy esperando por mis figuritas de Code Geass... ¡Quiero a mi chibi Lelouch ya!
Sea como sea, ha sido una tarde agradable, a pesar de haber comenzado ya el instituto y a pesar de mis obligaciones... es decir, de mis clases de mates, mis clases de inglés y mis maravillosas tareas de Historia.
Al menos, mi tarea de lengua es cubrir un Curriculum Vitae en Word [Estilo Europeo, cabe destacar]
Tengo entretenimiento por un rato, antes de abandonarme por completo en manos de Plauto y su "Mercator". Realmente pensaba que, a pesar de ser esta obra una comedia, no me reiría lo más mínimo... pero ya me ha robado una sonrisa :____D

Véase que mi nuevo llavero es la supuesta espada de Cloud Strife... digo lo de supuesta porque he visto esta y he visto la Buster Sword... por lo tanto esta no estoy muy segura de cual es ¡Pero en el catálogo decía que era de Cloud! ¡Y de Advent Children, además! (creo que me siento un poco timada xD) ;A;
Bah~ lo importante es que a mi me gusta nwn y que además... es un detallito que Sephi ha tenido conmigo y eso es lo importante ÒwÓ




Este es mi llavero de "la espada de Cloud" 
[Repito, a mi me gusta xDD] 
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[05, 04, 10 // 15:55]

- Sinceramente, ya no soporto tu carácter.
- ¿Quién te pidió que lo hicieses?
- Pensaba que en eso consistía amar a otra persona.
- Nadie dijo nada de amor entre nosotros, creo recordar.

Sonrió de lado, del mismo modo que cuando había entrado por la puerta.
Tomó mi rostro y me dio un largo y apasionado beso, dejándome sin respiración y arrebatándome los sentidos.

- Cierto, nadie habló de amor entre nosotros... pero supongo que no se podía evitar.
- ¿Qué no se podía evitar?
- Que me enamorase de ti.
- El amor es un problema.
- Y yo una carga, lo sé.

Tomó su chaqueta de la percha del recibidor.
Abrió la puerta, se inclinó levemente y me sonrió.
Me limité a mirar como la cerraba tras de sí y dejaba su aroma impregnado en el aire porque, en realidad, yo también me había enamorado y, como siempre, tenía demasiado miedo al amor.

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[04, 04, 10 // 16:40]

En ocasiones nos emocionamos con la mínima cantidad de palabras.
Puede ser un "hola", puede ser un "cariño" o puede transformarse en algo más complejo, con un par de palabras, algo así como un "te quiero" o un "te amo". Incluso un "hasta pronto" puede lograr que nuestro corazón palpite a un ritmo desorbitado. ¿Por qué nos emocionamos de un modo tan simple? ¿Por qué todos buscan la expresión de la ilusión en el rostro ajeno?
Yo no he nacido con el don de emocionar a las personas. Tampoco nunca he deseado componer textos que alcancen el corazón y el alma de las personas. No es uno de mis talentos, como tampoco lo son la danza, la interpretación musical y demás artes. No existo para hacer felices a las personas, pero supongo que una de mis metas es alcanzar un mínimo de felicidad. Soy egoísta y cabezota y muchas veces me enfado sin sentido. Realmente no seré una escritora famosa, una intérprete, una bailarina... creo que me dedicaré a ser, simplemente yo misma.
Por el momento, no es algo que haya dominado ya. En ocasiones me cuesta mucho ser yo misma. Además, en el fondo ser yo no es sencillo. No lo digo porque yo sea yo sino porque ser yo, en general, es una tarea que lleva toda una vida.
Como ser humano, evoluciono, cambio, me transformo... y todo ello lleva un tiempo indeterminado, un esfuerzo incalculable.
Y como yo soy yo, seguiré siendo yo y, algún día, alcanzaré el máximo que la palabra yo puede mostrar... y moriré con una sonrisa en los labios.

Porque yo, soy yo.
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[03, 04, 10 // 18:30]

Título: Planetarium
Género: Yaoi, doujinshi
Tomos: One-shoot [Como casi todos los doujinshis]
Scaner: Realmente no deja claro quien escaneó este doujinshi pero el valiant que menciona es este: Valiant
Fansub: Nine Seconds (?) [Lo traduje, edité y demás yo misma gracias al Photoshop CS2 (motivo por el que agradecería que no tuvieseis muy en cuenta los errores) y por lo tanto, no es un fansub exacto... el hecho de que sea Nine Seconds es por este blog, que es mi blog de wordpress prácticamente abandonado]
Idioma: Castellano
Argumento: Roy tiene algo que pertenece a Ed escondido en algún lugar. Ed quiere recuperarlo a cualquier precio y Roy le obliga a quedarse a su lado por una semana...

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[02, 04, 10 // 00:08]

Cuando era joven, me encapriché con una mujer mayor que yo.
Al principio simplemente me contentaba con cruzarme de ella de vez en cuando... pero supongo que el tiempo conduce a las personas por caminos que no esperaban y una tarde, esa hermosa mujer me invitó a su casa.
¿Más o menos cuantos años me sacaba? Yo tenía apenas 12 años el día que crucé el marco de su puerta por primera vez.
Ella era de mediana edad. Morena y cautivadora, sus ojos atravesaban mis sentidos por completo.
Para ser sincero, esa noche tuve sexo con ella. Realmente no le importó desvirgar a un chico tan joven porque se sentía sola... muy sola. Me había descubierto espiándola y le pareció adecuado aceptarme en su lecho cuando el sol caía tras el horizonte.
Nadie sospechaba de mis ausencias.

Pero los años pasan. En el verano de mis 14, ella ya se marchitaba como una hermosa flor arrancada de su tallo. Su rostro perdía todo aquello que me cautivaba. Yo, la miraba de lejos, como un observador impasible que aprecia como su tesoro más preciado pierde sus pétalos con la llegada del otoño de su vida.
"Has dejado de desearme ¿Verdad?" me preguntó un día.
"Sí" contesté "Pero aun te quiero"
Supongo que era joven y temía separarme de ella. Pero poco a poco, el deseo fue llevándose consigo el amor y en enero del año de mi decimosexto cumpleaños, la abandoné para juntarme con una linda chica de mi vecindario.

Su nombre era Lilith. Ella tenía el cabello claro, tan dorado como las espigas de maíz recién cortadas. Su aroma era el de la vainilla y su voz era angelical. Pero, para que negarlo, era una estrecha.
Mi vida con Lilith se hizo dura hasta que cumplí los 22. Ese día, el de mi vigésimo-segundo cumpleaños el ángel de cabellos dorados se acostó conmigo por primera vez. Y ese mismo día comprendí que ella no era aquella mujer que me había robado mi virginidad en su día. Era una mojigata inexperta que no me satisfacía sexualmente.
La dejé dos meses después.

Me cansé de las mujeres por mucho tiempo. Los años fueron pasando y llegué a mis 32 años sin haberme comprometido con otra mujer de otro modo que no fuese el sexual. Trabajaba mucho y me acostaba con muchas mujeres cuando me apetecía.
Siempre me habían asegurado que era un hombre apuesto por lo que ninguna mujer se resistía a acompañarme a casa si se lo ofrecía. Hasta que llegó ella a mi vida.

Una mañana, mientras caminaba rumbo al bufete, vi a una adolescente cruzar la calle en dirección contraria. Usualmente no le hubiese prestado mucha atención a una chica cualquiera pero aquella... tenía algo especial. Su melena oscura, su mirada cautivadora... esos ojos verdes fueron mi perdición en el mismo instante que su mirada se cruzó con la mía.
No era pura casualidad que me fijase en ella. Era exactamente igual a mi primer amor, a aquella mujer de mediana edad a la que había abandonado.
Todos y cada uno de los días pasaba por aquel paso de peatones con la esperanza de encontrarla de nuevo. Pero ese día tan anhelado nunca llegó.
En mi desesperación, comencé a informarme sobre la vida que había llevado la mujer que se había encaprichado conmigo cuando aún era un niño. Se había casado con un hombre socialmente apreciado y había tenido una hermosa hija.
Por alguna extraña razón, sabía que esa hija era ella.

En mi primera semana de vacaciones, me encaminé a aquella casa que me había recibido por primera vez 20 años atrás. Toqué suavemente la puerta y, cuando la puerta se entornó para recibirme, vi su rostro de nuevo. Estaba demacrada, pero aún la reconocía.

- ¿Quién es usted?- preguntó, con la misma voz de aquel entonces.
- ¿No me recuerdas, Martha? Soy Marco.
- ¿Qué haces aquí? - su tono de voz mutó, se puso a la defensiva.
- Venía por... bueno, recordar los viejos tiempos contigo ¿Puedo pasar?

Abrió lentamente la puerta y me invitó.
Aquella casa había cambiado enormemente. Ahora estaba decorada, con adornos y cuadros colgados por todas las esquinas. Ya no parecía el lúgubre lugar donde yo solía acudir en busca de placer carnal.
Entre todo aquel exceso de decoración, reconocí a la chica del cruce en una fotografía.

- ¿Quién es ella? ¿Eres tú? - señalé el marco.
- ¿Pero que dices, idiota? - tomó la imagen entre sus manos - Ella es mi hija Arabelle.

La observé cuidadosamente y sonreí.

- Se parece demasiado a ti - tomé asiento - Ten cuidado o me enamoraré de ella como lo hice de ti.
- Tú solo me buscabas por sexo, hipócrita.
- Era joven y tú me quitaste la inocencia.
- No te veía muy interesado en conservarla.

Una risotada golpeó las paredes de la sala de espera. Era cierto que yo siempre había sido un chico emprendedor, pero en aquella ocasión no sabía lo que me deparaba cuando crucé su puerta.
La puerta de la entrada enmudeció nuestra conversación.
Unos pasos seguros y tranquilos se dirigían hacia donde nos encontrábamos.
Una celestial voz se asomó a la puerta.

- Buenos días, mama, estoy en casa.
- Bienvenida cariño - Martha se levantó y besó la frente de su hija - Este es Marco... un viejo amigo.

Me miró de soslayo, amenazante. Quizá había visto a través de la broma que había hecho minutos atrás.

- Es un placer, Arabelle - le tendí al mano - tu madre me ha hablado maravillas de ti.
- Siempre exagera, créame - me dedicó una sonrisa.
- Todas las madres tienen a exagerar - miré mi reloj- y yo tiendo a alargar demasiado mis conversaciones, es hora de que me vaya.
- ¿Tan pronto? - Arabelle echó un vistazo a la mesilla del salón y después la desvió hacia mi - Si ni siquiera ha probado el delicioso te de mi madre.

La miré y no pude hacer otra cosa que sonreír. Parecía tan pura, tan dulce, tan inocente... tan deseable. Era la primera vez en diez años que me apetecía dormir con ella hasta el amanecer.

- Siento no poder quedarme más - pasé la mano por su oscura melena - volveré a visitaros si tú quieres.
- ¡Claro que sí! - tomó mi mano entre las suyas - Mama no tiene muchos amigos y eso me desespera , estaré encantada de conocer a algún amigo que me pueda hablar más sobre el pasado mi madre.

Martha me lanzó una mirada asesina, de esas que te hielan al instante. Pero en realidad, poco me importó, porque la sonrisa de aquella joven era demasiado cálida.

Me fui aquella tarde, pero ya he llamado a Arabelle.

Nunca le hablaría a Arabelle del pasado que Martha y yo tuvimos en común, pero no me parece mal quedar con ella utilizando ese pretexto.

Y así es como, sin desearlo, me he enamorado de Arabelle y la he invitado a salir el domingo que viene conmigo.
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[28, 03, 10 // 03:14] "¿De qué modo decírtelo?"

¿De qué modo decírtelo?
¿Compararé tus ojos a las quietas
estrellas de la noche? ¿O, utilizando
resabiadas metáforas de Oriente,
diré que hay en tus labios imposibles
y blancas margaritas, que tu talle
es una esbelta palma? Mentiría
de una manera estúpida: bien sabes
que eres poquita cosa y, desde luego,
nada del otro mundo. Sin embargo,
cuando no logro verte, algo me pasa
que no puedo aguantarme ni yo mismo.

Víctor Botas.



P.D.: Me siento indignada, con el adelanto de hora me han robado una hora de mi vida... dish.


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[27, 03, 10 // 11:07]

Despejar el alma de engaño y desolación.
Enterrar el corazón y las palabras de romanticismo.
¿Quién dijo que la cordura era hermana de la razón?
Yo niego mi existencia, pero soy una pensadora.
Yo no creo en Dios, pero temo a su ira.
Quien me encuentre demente, que lance su ira contra mi persona.
Pero antes, ¿Por qué no pensar un poco y recapacitar?
¿Quién es realmente un demente?
¿Quién ve lo que desea y lo interpreta como quiere o quien, simplemente, ve lo que hay y lo acepta tal cual llega?
Si la vida nos entrega la posibilidad de ser mejores, si podemos creer en lo que deseemos, amar lo que deseemos y soñar lo que deseemos...
¿Por qué conformarse con un ínfimo retazo de realidad cuando se puede poseer toda la extensión del paraíso?
Porque la pasión no es aquello que se ve,
es aquello que se siente.





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[25, 03, 10 // 22:42] "A veces"

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.
Pero él disimulaba

Ángel González.





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[06, 02, 10 // 15:55] "Mi frágil ángel"

Se me antoja como el aire, como un suspiro en primavera. Volátil, lleno de vida y fragancias embriagadoras. Rápido y audaz, sujeta mi rostro entre sus dulces manos y acaricia mi piel, como el cálido vaivén de sus dedos.

Su rostro me muestra el más hermoso lienzo, que oculta mi imagen predilecta. Entreabre sus labios y me deja verla, su sonrisa. Mi alma se congela, grabando esta imagen en mi pecho y deteniendo el tiempo, para impregnar mi vida con estos segundos de absoluto anhelo.

Mis torpes manos se posan sobre su cintura y mis turbios brazos lo acercan. Ríe, deleitando mis sentidos, suspirando sobre mi cuello.

"Creo que te quiero" susurra mi ángel. Me siento inseguro pues no puedo corresponder a sus celestiales palabras con mi tosca voz.

Poseo sus labios con inquietud. Le deseo. Deslizo mis manos hacia abajo y lo elevo. Él rodea mi cintura con sus débiles piernas y abraza mi cuello con sus frágiles brazos.

Lo coloco suavemente sobre las sábanas de mi cama y me tumbo entre sus muslos, atrapándole las muñecas contra el colchón. Rehuye de mis besos, pero yo desciendo besando su torso, mientras desabrocho uno a uno los botones de su ligera camisa de algodón.

Sujetando aun sus muñecas con una mano, continúo descendiendo hasta el templo erudito de mi descordura. Mi presa gime levemente para mi cuando le dedico lentas y eróticas caricias. Suspira y jadea, de un modo alentador.

Sujeto su cintura y le doy la vuelta, liberando sus muñecas para que se postre ante mi sobre la cama. Inclina su rostro hasta tocar las mantas con él y coloca a su lado las manos. Sus rodillas están inclinadas, con el trasero elevado. Con una mano continúo deleitando su entrepierna, mientras los dedos de la otra rodean suavemente su entrada. Primero se adentra uno, provocando un leve gemido. Danza suavemente en su interior, abriéndole paso a un segundo. Los gemidos aumentan con la entrada de éste. Yo ya apenas aguanto ya mi lujuria.

Los dedos salen y yo me coloco en su lugar. Mi ángel agarra con fuerza las sábanas entre sus delicados dedos, mordiéndose el labio inferior para no gritar. Una de mis manos busca la suya y se entrelaza con ella. La otra aun acaricia su parte más íntima, mientras mis caderas comienzan a balancearse hacia delante y hacia detrás. Beso su espalda con cariño, muerdo levemente su nuca. Él gime, jadea y se contrae. Yo gimo, jadeo y no ceso en mi movimiento.

Las embestidas se vuelven cada vez más y más violentas. Nuestros gritos y nuestro placer cada vez más y más salvajes. Susurra mi nombre y me dice "Más... más...". Eso no lo puedo soportar y cada vez entro hacia un lugar un poco más profundo. Lo siento tan caliente...

Llegamos juntos al clímax. Se viene en mi mano y yo en su interior, mientras caigo rendido sobre su espalda, intentando no cargarlo demasiado. Beso su cuello de nuevo, exhausto. Él cierra los ojos y sonríe.

Nos tumbamos torpemente y yo extiendo mi brazo para que duerma sobre él. Se acurruca contra mi pecho y suspira.

"Creo que te quiero" susurra.
"Yo se que te quiero" respondo.







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[03, 02, 10 // 22:37] "Ya falta menos"

Veamos, hay dos fechas importantes que se acercan y que me emocionan en especial.

1º- El día 9 de Febrero, día en el que Satoshi y yo cumplimos cinco meses juntos.
2º- El día de San Valentín, fecha conocida mundialmente como la de los enamorados.

Por ello, me prepararé dos actualizaciones pastelosas y cargadas de romanticismo que quizá a alguna que otra persona le desagraden.

Gracias por vuestra atención.








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